1914
(Escrito por uno del círculo de Gurdjieff en Moscú)
Extraños sucesos, incomprensibles desde el punto de vista ordinario, han guiado mi vida. Me refiero a los sucesos que influyen en la vida interior de un hombre, cambiando radicalmente su dirección y meta, y creando nuevas épocas en ella. Los llamo incomprensibles porque su conexión fue clara sólo para mí. Fue como si, persiguiendo una meta definida, una persona invisible hubiera colocado en el camino de mi vida circunstancias que, en el momento mismo de mi necesidad, las encontré ahí como por azar. Guiado por tales sucesos, desde mis primeros años me acostumbré a observar con gran penetración las circunstancias que me rodeaban, a tratar de captar el principio que las conectaba, y a encontrar en sus interrelaciones una explicación más amplia y más completa. Debo decir que en cada resultado exterior, la causa escondida que lo evocaba era lo que más me interesaba.
Un día, de esta misma y aparentemente extraña manera, me encontré cara a cara con el ocultismo, y me interesé en él como si fuera un sistema filosófico, profundo y armonioso.
Pero en el preciso momento que había alcanzado algo más que el mero interés, de nuevo perdí tan pronto como la había encontrado, la posibilidad de proseguir con su estudio sistemático.
En otras palabras, fui abandonado enteramente a mis propios recursos. Esta pérdida parecía un fracaso sin sentido, pero más tarde la reconocí como un paso necesario en el curso de mi vida, y un paso lleno de profundo significado. Sin embargo, este reconocimiento llegó mucho más tarde. No me desvié sino que seguí adelante bajo mi propia responsabilidad y riesgo. Se me presentaron obstáculos insuperables, forzando mi retirada. Vastos horizontes se abrieron a mi vista y al apresurarme a menudo resbalé o me encontré enredado. Habiendo perdido, al parecer, lo que había descubierto, permanecí dando vueltas en el mismo lugar, como rodeado de niebla. Al buscar hice muchos esfuerzos y un trabajo aparentemente inútil, recompensado inadecuadamente por los resultados. Hoy veo que ningún esfuerzo quedó sin recompensa y que cada error sirvió para guiarme hacia la verdad.